viernes, 16 de octubre de 2009

La piedra gris

Liviana, rueda hacia abajo con cada suspiro del viento, confundida en un terraplén gris de compañeras más pesadas, inmóviles.

Un día llega al final de la pendiente, sin desgaste alguno, y tras un momento de vacilación, un último beso cefírico la empuja al arroyo. Etérea, flota río abajo, acompañada de una corte de adulonas cucharillas y sapitos que no ve.

Por fin llega al mar y, contra todo pronóstico, el abrazo del agua salada la arrastra a las profundidades, entre conchas y corales. Así termina su historia en el mundo conocido, pero el terraplén sigue inmóvil, indiferente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mmmmmm que boniiitoooooo!!!!! Me ha gustado el momento sapito.