Liviana, rueda hacia abajo con cada suspiro del viento, confundida en un terraplén gris de compañeras más pesadas, inmóviles. Un día llega al final de la pendiente, sin desgaste alguno, y tras un momento de vacilación, un último beso cefírico la empuja al arroyo. Etérea, flota río abajo, acompañada de una corte de adulonas cucharillas y sapitos que no ve.
Por fin llega al mar y, contra todo pronóstico, el abrazo del agua salada la arrastra a las profundidades, entre conchas y corales. Así termina su historia en el mundo conocido, pero el terraplén sigue inmóvil, indiferente.

1 comentario:
Mmmmmm que boniiitoooooo!!!!! Me ha gustado el momento sapito.
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