Minúscula, vivía arrebujada en el intersticio entre un pulgar gordote y su vecino, un índice chulito y de uña negra. Y menos mal por el agujerito, pues el rufián calzaba bota pesada y de suela gastada. Compañera de un sabañón, era por nacimiento Japonesa (que no china) y Gheisa por educación.Tierna, sensible y discreta, la China Roja sufría en silencio el repateo del rufián y cantaba dulces canciones al sabañón, que enrojecía de placer.
Un día que no estaba borracho y pescaba, el rufián notó un dolorcillo, se descalzó, localizó a nuestra amiga y soltando un taco irreproducible la lanzó lejos, al mar. Allí reposa junto a una piedra gris, rodeada de conchas y corales.

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